Ya ha pasado un tiempo desde que me decidí a escribir un blog y armar un pequeño espacio web, pero como con todo, me quedé pegada, la dopamina se dispersó y fue quedando en el olvido.

Pero nuevamente esa ansiedad interna, esa necesidad de la palabra se vuelve irresistible, inevitable.

Y toma distintas formas, va mutando conforme a la necesidad y al tiempo, también se vuelve extrañamente indiferente a mi misma, cobra vida propia, porque es una vía de escape o la caída a la locura de una vida en donde la realidad parece quebrada con el mundo mismo.

Hay días en que tengo casi la certeza de que es la palabra lo que me mantiene cuerda.

Y me vi en la necesidad de un espacio y en la dificultad de encontrarlo, así como en las limitaciones propias de alguien que no se había molestado en entender del todo como funciona el internet y las páginas web, blogger fue lo más lejos que llegué en su momento.

En una época en donde el lenguaje era más laxo y permisivo, donde el monitoreo parecía menor o al menos, podíamos evitar las neolenguas. Hoy ni la muerte puede pronunciarse sin una versión más pulcra y sanitizada, limpia, sin cargas, desvivir.

Los espacios en ese sentdo se van haciendo menos seguros, pese a que llevamos años diversificando y abriendo espacios, parece que el efecto ha logrado ser el contrario. Así los espacios seguros se vuelven identitarios y dejamos de percibir el riesgo real, limitarnos por miedo a utilizar las palabras incorrectas.

Es dificil navegar la realidad cuando la historia que nos narramos resulta ser la equivocada. Ahí es donde todo se va quebrando y hay que ir recogiendo las piezas y pedazos para rearmar y seguir jugando el juego, porque seguimos compartiendo una realidad mayoritaria pese a que no tiene sentido.

Hay tantas cosas que han perdido sentido. Yo misma, aquí.

No sé si tengo un objetivo más que tener este espacio de palabra larga y distendida sobre cómo, de distintas formas, me quebré cuando ví que la realidad real, esa realidad material que compartimos, no coincide con lo que siempre me dijeron que fue y con la imagen que construí de ella.

Y todo lo que es necesario aprender y desaprender, re analizar y revisar ya no solo lo que uno cree, sino que lo que uno es, porque nos consruimos de esas pequeñas piezas de realidad que se nos impregnan y también nos reflejan.

Esta entrada está primero para darle un orden y contexto más natural, pero en verdad es de una madrugada de abril del 2026, donde ya es hora de retomar rumbos y en donde nuevamente el peso de la realidad se vuelve a veces intolerable.

Los textos de 2025 se mantienen casi originales a como fueron escritos en Bearblog, palabra suelta y emoción dispersa, en una sola tanda, con pocas vueltas.

Es la condensación de una serie de aprendizajes que se concentraron en estos ultimos años. Lo menos que uno puede hacer es usar la cesantía para aprender (y deprimirse un poco).

Y el problema con ese aprendizaje es que aún en esta época de la información, la inteligencia y el conocimiento son una amenza y conocer ciertos grupos, las ideologías tras estos y comprender las posiciones que mantienen resulta una labor extrañamente peligrosa y con pocos espacios, en especial cuando nuestros consensos de realidad, estos relatos que hacemos, toman la apariencia de ser verdad y no solo historias.

Ese fue el inicio, que me llevó al fin.

Porque uno no puede continuar impávido ante las injusticias, ante el horror al cual nos están exponiendo, porque es normalizarlo y eso implica que aumentará para todos, incluso para quienes se sienten inmunes. La identidad muchas veces niega la inmunidad, siempre hay algo por lo que te puedan perseguir.

Uno no puede seguir viendo con los mismos ojos el mundo que está en proceso de colapso, porque creamos sistemas inhumanos, malignos, poco prácticos para la mayoría de la humanidad. Seguir viendo el mundo con los mismos ojos es ser ciego. Y no implica ver solo lo malo, al contrario, es ver lo bueno, la resilencia, la lucha humana por la existencia, por ser y existir sin controles externos.

Y como hay que construir relatos y contar historias, es algo en lo que todos podemos aportar, en especial, cuando es la construcción contra un relato mayoritario, hegemonico. Es hacer algo. Es no quedarse impávido ante el desarrollo de la historia. Es dejar constancia de que muchos entendimos claramente cómo todo este sistema construido en el pasado está mal por cómo opera, por lo que ha hecho y lo que sigue haciendo.

Porque hay muchas cosas que yo pensaba se encontraban en el pasado, pero resultan ser actuales, con otras caras, con otras formas, con otros nombres, pero en el fondo, el mismo objetivo, la misma función, los mismos hechos pero ahora, correctos, adecuados.

Sistematizamos la muerte y sus formas, regulamos la existencia y la vida en marcos y contornos estructurados, vemos el mundo desde un prisma específico por nuestra historia y nuestra identidad, pero la realidad material, lo que las cosas son y no lo que dicen ser, resulta ser diametralmente opuesta a lo que nos han dicho que es.

Los genocidios siguen al mismo ritmo de antaño, con armas más eficientes, con más o menos publicidad, transmitidos en vivo desde nuestros celulares, en donde podemos hablar y ayudar a las víctimas en tiempo real y aún así, la indiferencia y la vida siguen, porque hay que comer.

Si eso no es un sistema perverso y maligno, no sé.

Si esto es el peak de la humanidad, estamos condenados a la extinción.

Si esto es lo mejor que podemos hacer como especie, ciertamente estamos malditos.

Y es doloroso y dificil entender que uno está equivocado en cómo opera el mundo, en como realmente es. Está lleno de dudas, porque ahora, cómo y a quién creemos. Es dificil porque en el fondo, somos poco educados en torno a leer la realidad, tenemos poca educación de medios, nos cuesta leer, ver e identificar la propaganda, que en verdad está en todos lados y llena nuestras vidas por todos los rincones.

Pero es un proceso necesario y que es mejor hacerlo ahora, mientras el mundo se desmorona, a que sea revelado cuando el mundo ya no exista y sigan existiendo quienes insisten en que todo sigue igual, porque el mundo en el que crecimos, el mundo en el que vivimos y en el que vivieron nuestros antepasados ya no existe, físicamente no existe y en algún momento tenemos que hacer las paces con eso.

Y así fue como inició el fin, en algún momento parte y hay que abrazarlo, porque tenemos que hacer lo que podamos con el tiempo que tenemos y las circunstancias en las que nos encontramos, esta resulta ser la era en la que nos tocó vivir, estos son nuestros tiempos y llegó nuestra hora de hacernos cargo.

Y tenemos que reconocer nuestros tiempos.

Entender que en algún momento llega el fin, donde nace una nueva historia y en donde hay todo por hacer. Y ahí está la esperanza.